Blog de unodelosmundosposibles

El mundo de cinco minutos


“La filosofía es la más sublime pero también la más ridícula de las disciplinas”.

(Mario Bunge)


"No hay imposibilidad lógica en la hipótesis de que el mundo se creó hace cinco minutos, con una población que «recuerda» un pasado completamente irreal. No hay una conexión necesaria lógicamente entre eventos de épocas distintas; por lo tanto, nada de lo que sucede ahora o sucederá en el futuro puede refutar la hipótesis de que el mundo comenzó hace cinco minutos."

(Bertrand Russell, El análisis de la mente)



No hay una conexión necesaria lógicamente entre eventos de distintas épocas, de igual modo que no hay una conexión lógica (necesaria) entre lo que sucede en mi mente y aquello que se da fuera de ella. Si estiramos este planteamiento:

No puedo demostrar que el mundo exterior existe. No puedo demostrar que el mundo se creó hace más de un segundo, pues no existe ninguna diferencia cualitativa entre cinco minutos, cinco años o un segundo. Hablo de demostrar como evidencia irrefutable y no como una mera apelación al sentido común, claro.

El problema con el que se encontró Bertrand Russell fue el siguiente: puedo relacionar lógicamente cosas que suceden en mi mente; puedo decir 1+1= 2 ó hacer una inferencia del tipo: “sólo irá al cine si no llueve; llueve, luego no irá al cine”. En ambos casos, todo se produce en mi mente y, además, existe una conexión inmutable y necesaria. Lógica. Pero esto no sucede con otras cosas, y eso ha supuesto un verdadero quebradero de cabeza durante siglos.

Como ya apunté en otra entrada:

“Al no haber una conexión lógica, necesaria, entre lo que sucede en mi mente y lo que se da fuera de ella, no puedo probar la relación entre ambas cosas, ni acceder al mundo en sí, tal como es. Es más, no puedo probar la existencia del mundo exterior. Pero no es menos cierto que, si pensamos en un sujeto consciente que percibe el mundo, ni siquiera podemos concebir un modo de relación que no pase por el tamiz de sus sentidos: es lógicamente necesario que sea así, dada la ontología en primera persona del hecho consciente.”

El problema está en empeñarse en ver las cosas desde el ángulo incorrecto, aquél que obvia que no hay modo alguno en que una persona se relacione conscientemente con el mundo exterior si no es desde una misma. Esto, tan común en filosofía, crea problemas insolubles y anticonocimiento (al negar la objetividad del conocimiento científico, por ejemplo). Sin embargo, pienso, existe un tipo de filosofía, un modo de filosofar honesto y riguroso, no especulativo,  que aporta conocimiento o que, al menos, lo facilita. Como no me atrevo a dar una definición de ese tipo de filosofía –ni de ninguna- pondré algunos ejemplos:

Sobre el problema de la causalidad (cómo demostrar la conexión necesaria entre dos sucesos, es decir, que no se trata de una mera “constante conjunción”, como dijo Hume), la filósofa Ayn Rand resolvió –a mi entender- la cuestión, apelando al principio de identidad (una cosa es lo que es, y sólo lo que es; A=A): la regularidad en el modo de comportarse de los objetos físicos, su consistencia, se debe a que dicho principio de identidad también opera en sus actos: una cosa sólo puede comportarse de un modo, como sí misma, por lo que no puede haber sorpresas.

Sobre la consciencia, el principal problema a la hora de generar conocimiento científico que la explique de principio a fin es saber qué se está buscando. Podemos decir que lo mental es algo totalmente separado e independiente de lo físico; o algo que emerge de los procesos cerebrales pero tiene sustantividad propia; o que es un epifenómeno, por lo que tendría un carácter irrelevante; o que puede reducirse en última instancia a procesos físicos, por lo que no cabría hablar de la qualia; o que la mente es al cerebro lo que el software al hardware, por lo que tendríamos que hablar de los estados mentales en términos computacionales, etc. Pienso que la filosofía puede ayudar a esclarecer la cuestión, proporcionando el marco teórico adecuado.

El filósofo J. R. Searle, con su ontología social, es decir, con su fundamentación del hecho social, puede establecer o ayudar a establecer puntos de apoyo sobre los que seguir desarrollando la sociología.

La filósofa Patricia Churchland, pionera de la neurofilosofía, busca profundizar en la comprensión integral del acto moral, ensanchando el marco teórico posible sobre el que establecer un discurso ético.

Y así.


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